La escopeta andaluza
En el inicio del curso de la clase de mi hija mayor, que tiene cuatro años, la profesora nos cita para darnos la bienvenida. En la reunión nos expone como será el ciclo formativo, la metodología y algunas de las actividades en las cuales participamos los padres, pero cuando termina nos hace una petición: “Quien tenga un ordenador viejo y no le sirva, por favor que lo traiga al colegio para que los niños comiencen a familiarizarse con él”.
Yo siendo informático (de profesión y afición) y teniendo tantos cacharros ordenadores por casa, no me resistí a ofrecerme voluntario.
Así que cuando monté el ordenador fuimos un día a clase (por cierto, una de las más bonitas y mejores experiencias que he vivido) y lo instalamos. Cuando llegué observe que en una esquina había un router con internet, entonces instalé una tarjeta de red para que lo pudieran utilizar. Cuando terminé hable un rato con la profesora de los niños y le comenté lo raro que me parecía que las clases de preescolar tuvieran un ADSL cada una y sin embargo no hubiera ningún presupuesto reservado para ordenadores.
Cuando terminé, comencé a pensar en el asunto y me decía a mi mismo: “es que el presupuesto de la enseñanza es como una manta… si te arropas el pecho, te descubres los pies…”, intentaba pensar lo más positivo posible pero al final me salió una frase del lo más hondo del corazón: “joder, si es una manta… que se aseguren de que no se la atan al cuello y se suicidan… coño”.
Triste, tristísimo que el presupuesto de TI en la escuela pública sea para conexiones a internet y no en ordenadores.

Aula real

Aula ideal



